Es inevitable que al morir la tarde no me agobie la
melancolía,
y que pelee con los recuerdos que siempre me llevan a ti.
Es inevitable que las notas de un bandoneón no se
acoplen a mi tristeza, la que duerme dentro de mi alma,
y en donde también estás tú.
Es inevitable que no me pierda entre fantasías para
escapar de este vacío en donde hay frío…
silencio…
… y el suficiente espacio para que mis sueños de amor se
vayan deshojando en medio de este invierno que ya se va,
y que se lleva mis ilusiones y los deseos que tuve contigo.
Es inevitable que no piense en lo que vendrá,
y que no llore en silencio abrazando a mi almohada,
por todas las cosas a las que debo renunciar,
por esa felicidad que tanto he añorado,
y que es tan esquiva e imposible de alcanzar.
Es inevitable que hoy no me siente con mi tristeza y
comparta con ella mis temores,
y le diga bajito tu nombre, y todo lo que a ti no te puedo
confesar.
Es inevitable que hoy no piense en ti,
y que no recuerde tu mirada,
la que llevo impregnada en mi alma como el recuerdo más
bonito,
y la ilusión marchita que en tardes como hoy,
es inevitable que no me acompañe mientras la noche me
abraza suavemente entre sus sombras.